Cinca reclama más inmigración: "Me cuesta reconocer Andorra en este rechazo radical a la inmigración"
El exministro asegura sentirse "un poco triste" por las críticas de parte de la sociedad andorrana a la inmigración masiva
Un artículo de opinión publicado este martes en Bondia por Jordi Cinca, presidente de la Comisión Gestora del Fondo de Reserva de Jubilación y exministro de Finanzas, ha reabierto el debate sobre el modelo demográfico de Andorra.
En él, Cinca defiende que el Principado deberá seguir recurriendo a la inmigración durante las próximas décadas y sostiene que el debate debería centrarse en cómo integrar a más personas, y no en limitar su llegada.
El exministro admite sentirse "un poco triste" por la actitud crítica que, a su juicio, mantiene una parte de la población andorrana respecto a la inmigración masiva.
Sin embargo, su reflexión llega en un momento en el que los propios datos oficiales del Departamento de Estadística, utilizados por el propio Cinca para respaldar su argumento, reflejan un escenario de creciente presión demográfica, dificultades de acceso a la vivienda y dependencia económica de determinados sectores.
Un país que ha multiplicado su población por más de seis en seis décadas
Andorra contaba con 13.410 habitantes en 1960. En 2026 la cifra alcanza los 89.752 residentes, lo que supone un crecimiento superior al 500% en apenas seis décadas. Solo desde 2019, el país ha incorporado más de 12.000 nuevos residentes, con un crecimiento anual del 2%.
En un territorio de 468 kilómetros cuadrados, gran parte de él montañoso e inhabitable, este aumento de población se traduce en una mayor presión sobre la vivienda, las infraestructuras y los servicios públicos.
Mientras Cinca reclama una mayor acogida de inmigrantes, las proyecciones oficiales apuntan a que la población podría crecer entre un 18% y un 28% adicional en los próximos quince años.
La vivienda, el gran punto débil del modelo
Aunque Cinca sostiene que la inmigración es necesaria para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones y de la sanidad, reconoce de forma secundaria que el crecimiento demográfico ha contribuido a dificultar el acceso a una vivienda asequible.
Precisamente este es uno de los principales argumentos de quienes reclaman limitar el ritmo de llegada de nuevos residentes: no cuestionan la inmigración en sí misma, sino la capacidad real del país para absorber ese crecimiento sin deteriorar las condiciones de vida de quienes ya residen y trabajan en Andorra.
La inmigración no está diversificando la economía
En su artículo, Cinca también defiende la necesidad de diversificar la economía para reducir la dependencia del turismo, el comercio y la construcción.
No obstante, los datos oficiales muestran una realidad distinta. A finales de 2025, el 93% de las autorizaciones de residencia y trabajo correspondían a trabajadores asalariados (40.111 personas), mientras que únicamente el 7% pertenecían a trabajadores por cuenta propia (3.095 personas).
Estas cifras reflejan que la inmigración continúa concentrándose mayoritariamente en los mismos sectores tradicionales que el propio exministro considera necesario superar.
La integración también plantea desafíos
Cinca defiende que el verdadero debate debe centrarse en la integración de los nuevos residentes. Sin embargo, distintos indicadores recientes muestran que este proceso no siempre resulta sencillo.
Un informe del programa "Colombia Nos Une" y del Consulado de Colombia en Barcelona estima que uno de cada cinco colombianos residentes en Andorra se encuentra en situación irregular y señala a las mujeres colombianas como el segundo colectivo con mayor número de casos de violencia de género registrados en el país.
Al mismo tiempo, las naturalizaciones de ciudadanos nacidos en Marruecos han aumentado un 266% en apenas tres años.
Aunque estos datos no constituyen por sí solos un argumento contrario a la inmigración, sí evidencian que la integración presenta retos sociales que van más allá de una simple cuestión de voluntad política.
La baja natalidad como principal argumento
Cinca recuerda que la tasa de fecundidad en Andorra ronda el 0,8 hijos por mujer, muy por debajo del 2,1 necesario para garantizar el relevo generacional.
Sin embargo, su análisis atribuye prácticamente toda la solución al recurso continuado a la inmigración, sin profundizar en otros factores que también podrían explicar la baja natalidad, como el elevado precio de la vivienda, la precariedad laboral o las dificultades para conciliar la vida familiar y profesional.
Un discurso que choca con parte de los datos oficiales
El artículo de Jordi Cinca parte de una experiencia personal —es hijo de inmigrantes— y plantea un discurso favorable a mantener abierta la llegada de nuevos residentes.
No obstante, al contrastarlo con las cifras oficiales, surgen diversas contradicciones: defiende la diversificación económica mientras la inmigración sigue concentrándose en el empleo asalariado; apuesta por la integración mientras algunos indicadores reflejan dificultades sociales; y lamenta las críticas a la inmigración masiva pese a reconocer el impacto que el crecimiento demográfico tiene sobre el mercado de la vivienda y la capacidad del país para absorber nuevos residentes.