Descubren en los Pirineos la cueva prehistórica habitada más alta hasta la fecha

Los arqueólogos destacan que la cueva conserva una “secuencia arqueológica excepcional”

L’IPHES-CERCA
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por el autor La Veu Lliure
2 minutos de lectura
Publicado el Miércoles, 13 Mayo 2026 - 08:20

Un equipo internacional de arqueólogos, liderado por la Universitat Autònoma de Barcelona y el IPHES-CERCA, ha descubierto la cueva prehistórica con ocupación humana más alta conocida hasta ahora en los Pirineos. La cavidad, denominada Cova 338, se encuentra a 2.235 metros sobre el nivel del mar, en la Vall de Núria, dentro del municipio de Queralbs.

La investigación revela que la cueva fue ocupada de forma recurrente entre el quinto milenio antes de Cristo y finales del primer milenio a.C., lo que aporta nuevas evidencias sobre la explotación de recursos en zonas de alta montaña durante la prehistoria.

Un hallazgo que cambia la visión de la alta montaña

Durante décadas, los estudios arqueológicos habían considerado los espacios situados por encima de los 2.000 metros de altitud como territorios marginales, utilizados únicamente de forma puntual. Sin embargo, los investigadores aseguran que la Cova 338 rompe con esta idea.

Las excavaciones, llevadas a cabo entre 2021 y 2023, han permitido identificar diferentes fases de ocupación separadas por periodos de abandono, lo que indica un uso planificado y repetido del enclave.

En el estudio también han participado expertos de la Universitat Rovira i Virgili, la Universidad de Granada, la Universitat Pompeu Fabra y la Universitat de les Illes Balears, entre otras instituciones. Los resultados han sido publicados en la revista científica Frontiers in Environmental Archaeology.

Restos arqueológicos excepcionales

Los arqueólogos destacan que la cueva conserva una “secuencia arqueológica excepcional”, con numerosas estructuras de combustión, restos de fauna y minerales verdes, probablemente malaquita.

Entre los objetos hallados destacan dos collares: uno fabricado con una concha marina y otro elaborado con un diente de oso pardo, elementos que evidencian la complejidad de las actividades desarrolladas en este entorno de alta montaña.

Carlos Tornero, investigador y líder del estudio, asegura que este descubrimiento “obliga a replantear el papel de la alta montaña en las sociedades prehistóricas de los Pirineos”. Según explica, las evidencias muestran que estas zonas no eran espacios marginales, sino territorios plenamente integrados en las estrategias de movilidad y explotación de recursos de las comunidades prehistóricas.

 

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