Saludo del Síndic general con motivo del Día de Meritxell
Carles Ensenyat reivindica la cohesión y la solidaridad en el Día de Meritxell, coincidiendo con el 50.º aniversario del nuevo Santuario
El Día de Meritxell es mucho más que una fecha señalada en el calendario; es el latido compartido de todo el pueblo andorrano, nuestra Fiesta Nacional.
Más allá de las creencias individuales, esta celebración representa el punto de encuentro de un pueblo que se reconoce en su historia, renueva su identidad y celebra los valores de paz, acogida y concordia que desde hace siglos definen nuestros valles.
Este año, además, la celebración adquiere un significado profundamente especial al conmemorar el 50.º aniversario de la inauguración del nuevo Santuario.
Cincuenta años desde que, sobre las cenizas de la tragedia de 1972, Andorra supo levantar con valentía y visión de futuro la obra de los arquitectos Anna y Ricard Bofill. Aquel esfuerzo colectivo de reconstrucción permanece como un símbolo perdurable de la capacidad de nuestra sociedad para superar la dificultad, transformar el dolor en esperanza y mirar hacia adelante sin renunciar nunca a su propia esencia.
En la inauguración del nuevo templo, el 8 de septiembre de 1976, el síndico Reig destacó en su discurso que, aunque en 1972 “ardió una ermita de entrañable recuerdo y vivencia para todos los andorranos”, el nuevo Santuario se convertiría en “casa de todos, a fin de que el espíritu andorrano se mantenga y en el futuro encuentre nuevas formas de expresión para su supervivencia”. Medio siglo después podemos afirmar que aquel anhelo es una realidad.
En Meritxell, el diálogo entre el pasado y el presente se hace tangible en la convivencia de la antigua iglesia y la nueva basílica. La antigua iglesia, restaurada y en pie junto a la nueva, nos recuerda la modestia y la perseverancia de las generaciones que nos precedieron.
La coexistencia de estos dos espacios resume a la perfección el alma de Andorra: la capacidad de conservar el legado patrimonial e histórico que nos mantiene arraigados a la tierra, mientras abrazamos sin miedo la modernidad y la creación contemporánea.
Este año, el Santuario cuenta con actividades más allá de las tradicionales del Día de Meritxell. Cincuenta años no se celebran cada día y aquellas personas que quieran conocer la historia de la Basílica de Nuestra Señora de Meritxell pueden hacerlo con la exposición fotográfica que recoge el primer medio siglo de historia del edificio.
También se han programado conferencias, visitas temáticas, diversas propuestas musicales y de danza, y actividades pedagógicas para los más pequeños y sus familias.
Será una oportunidad para rendir homenaje a todos aquellos que hicieron posible la recuperación y reconstrucción de Meritxell y para acercar a las nuevas generaciones un episodio clave de nuestra memoria colectiva.
Este espíritu de superación y de unidad es el mismo que necesitamos mantener vivo hoy. Nos encontramos en un tiempo de cambios globales y de transformaciones aceleradas, en el que Andorra se enfrenta a retos complejos en el ámbito social, económico e institucional.
El futuro no es una circunstancia fortuita, sino un camino que construimos día a día a través de la suma de voluntades, la responsabilidad compartida y la voluntad de entendimiento. Si somos capaces de preservar la cohesión y la solidaridad que nos han definido a lo largo de los siglos, no hay ningún desafío que no podamos afrontar con éxito.
Que este Día de Meritxell y los actos conmemorativos del 50.º aniversario del nuevo Santuario nos sirvan para reforzar nuestro orgullo de pertenencia y para renovar el compromiso firme de seguir haciendo de Andorra un país próspero, integrador y de futuro.
¡Muy feliz Día de Meritxell a todos!
Carles Ensenyat Reig
Síndico general